¿Por qué me cuesta tanto decir no?

¿Por qué me cuesta tanto decir no?

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La dificultad para decir no” es una de las más comunes con la que nos encontramos en muchas personas que nos solicitan ayuda o cuando exploramos el área de asertividad y habilidades sociales.

Vivimos inexorablemente en una sociedad en la que la imagen, la comunicación, la opinión, la valoración que emiten los otros de nosotros mismos nos condiciona diariamente en todas las áreas que conforman nuestra vida; desde el área personal, social, laboral…

Cuando interaccionamos con otros, nos convertimos en sujetos pasivos de dicha observación (desde cómo nos comportamos, qué decimos, cómo reaccionamos…). Esto nos condiciona a que casi siempre intentemos dar la mejor imagen de nosotros mismos a nuestro interlocutor, puesto que de lo contrario nos sentiremos juzgados y podremos tener la sensación de que no somos bien aceptados por los otros. En una sociedad como la nuestra, aunque el individualismo aflore nuestra propia competencia en un mercado que emerge continuamente, no podemos olvidar que somos seres sociales que necesitamos a los otros y que es difícil que nuestra valoración intrínseca sea positiva si no contamos con el apoyo de nuestro entorno.

Por tanto, si sumamos distintos ingredientes: la opinión de los demás, la aprobación de los otros, el ser considerado y valorado…unido a una tradición cultural en que el sentimiento de culpa en mayor o menor medida vertebra nuestras personalidades afectando a los derechos individuales; entonces tenemos la tarta perfecta para que de primeras a todos nos cueste en principio “decir no”.

 La pregunta que se nos plantea es cuando esta dificultad para “decir no” se convierte en un obstáculo que interfiere en nuestro funcionamiento diario, para valorar realmente si sería objeto de estudio y tratamiento.

decir no, asertividad,  habilidades socialesExiste una condición vinculante entre el saber decir no y lo que se conoce como la respuesta de Asertividad; definida ésta como “la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás”. Dicho lo cual, manteniéndonos en el tema que nos ocupa, una persona asertiva es aquella que además sabe mostrar su postura hacia algo, explicando sus sentimientos y que cuando algo no lo quiere lo expresa abiertamente de una forma adecuada. Para disponer de habilidades sociales adecuadas debemos contar con conductas de asertividad.

Muchos de los lectores se preguntarán por qué si uno sabe cuál es la teoría sobre cómo proceder, nos cuesta tanto ponerlo en la práctica y “decir no” a un jefe, a un amigo, a un compañero, a un vecino, a nuestra pareja…

Normalmente existe un denominador común y es el miedo al rechazo de los demás.

Decir no ¿cómo mejorarlo?

Es importante tener en cuenta la historia biográfica personal y social de la persona (cómo nos hemos ido relacionando con el entorno, si ha habido algún incidente de rechazo por parte de algún compañero o colectivo, valorar la autoestima como fuente principal del germen de una buena predisposición hacia una correcta conducta asertiva…)

Una vez que hemos recogido tales datos, es importante realizar un buen análisis sobre los pensamientos, ideas irracionales o distorsiones cognitivas. Tal como señalaba el Albert Ellis muchos de nosotros sostenemos algunas creencias que constituyen obstáculos hacia la posición de “decir no”: “es necesario para un ser humano ser querido y aceptado por todo el mundo”, “uno tiene que ser muy competente y saber resolverlo todo si quiere considerarse necesario y útil”, “uno debe de estar permanentemente preocupado por los problemas de los demás”. Estas creencias se trabajan en la terapia psicológica.

El siguiente paso “sería dar pautas específicas que nos ayuden a poner en práctica las conductas apropiadas para saber “decir no”; como la técnica del “Disco rayado” entre otras. Para manejar adecuadamente estas técnicas lo ideal es que sean dirigidas por un profesional que entrenará lo que más dificulta a la persona, basándose en la presunción de no tener que justificar el NO, reafirmándonos en la negativa si persiste nuevamente la petición.

Artículo de Silvia Fernández Bernárdez (Psicologos en Madrid Psicomaster)

Centro de Psicología Psicomaster

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