Inteligencia Emocional: Cómo pueden influir las emociones en los Niños

Inteligencia Emocional: Cómo pueden influir las emociones en los Niños

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La importancia de la inteligencia emocional en nuestras vidas

Es conocida una anécdota de Thomas Alva Edison, según la cual, siendo niño su maestra comunicó a su madre que el pequeño estaba mentalmente enfermo y no podía continuar en la escuela. Esta, en lugar de transmitirle la impresión de la maestra acerca de su hijo, prefirió decirle que la escuela era pequeña y ante la falta de maestros no podrían enseñar a un genio como él. Siendo mayor, Edison casualmente tuvo la oportunidad de leer la anotación original de la maestra, que había llegado a manos de su madre. Para entonces, ya se había convertido en un genio.

Podemos ver en este ejemplo cómo una persona cercana puede transmitirnos la seguridad necesaria para creer en nosotros mismos, y gracias a ello poner en práctica los comportamientos adecuados que nos acerquen al éxito. Es decir, lograr que nuestras emociones nos faciliten el camino, nos permitan sacar provecho de nuestras habilidades mentales y de nuestra conducta.

¿Qué creéis que hubiera ocurrido si en aquel momento hubiera llegado a manos de Edison la anotación de su maestra? Probablemente ejemplifique justo lo contrario, es decir, cómo puede influirnos negativamente el juicio de una persona acerca de nuestra capacidad. Todo ello siempre mediatizado por el enorme poder que tienen las emociones sobre nuestras capacidades y sobre nuestro comportamiento.

En la escuela, en el ámbito académico, profesional y en la sociedad en general, se tiende a pensar (o al menos hasta hace bien poco solía ser así) que el éxito depende de las capacidades mentales, las aptitudes que tengamos. Se trata de una concepción fija, predeterminada, acerca de la inteligencia. Sin embargo, cada vez somos más conscientes de cómo una gran parte del éxito está condicionada por el componente emocional, por la inteligencia emocional, por la forma de gestionar nuestras emociones para relacionarnos mejor, para marcarnos objetivos y ser persistentes en ellos (o lo contrario, saber cuándo es necesario abandonar y dedicarnos a otra cosa), etc. Hay niños/as con un nivel de aptitud intelectual (en lo que tradicionalmente conocemos como inteligencia, las aptitudes cognitivas verbales, espaciales, numéricas, etc) muy elevado, que no siempre encuentran reflejo de aquella en sus resultados a diferentes niveles. Y por el contrario, nos encontramos con niños/as que, teniendo un nivel intelectual medio, logran muy buenos resultados a nivel académico, social e interpersonal. Parece claro que no podemos basarnos únicamente en la inteligencia que miden los test para predecir si un/a niño/a tendrá resultados exitosos. Saber sacar partido de sus aptitudes es un aspecto muy importante, que en muchas ocasiones queda olvidado.

La inteligencia emocional o el aprendizaje de las emociones se lleva a cabo en todos los ámbitos de nuestra vida, desde la escuela, la familia, hasta la sociedad en general. Se trata de un tipo de conocimiento más bien implícito, aunque cada vez se dedica más tiempo en las escuelas y dentro de las familias a reflexionar de forma abierta sobre ello, en gran parte debido a la mayor toma de conciencia acerca de su importancia. Además, los estudios acerca de la inteligencia emocional en los niños han podido comprobar cómo un aprendizaje adecuado acerca de la gestión de emociones, se asocia en la mayoría de los casos a conductas más saludables (reducción en el consumo de sustancias adictivas, menor consumo de alcohol y tabaco), y a comportamientos más adaptativos (menor frecuencia de conductas agresivas en clase, descenso de conductas autodestructivas y antisociales).

¿Cómo favorecer la inteligencia emocional en nuestros niños?

inteligencia emocional

El aprendizaje de la inteligencia emocional conlleva la optimización de una serie de habilidades, que los estudios vienen resumiendo en: conocimiento de uno mismo y regulación de las propias emociones, empatía, habilidades sociales y automotivación. Para poder transmitir estas habilidades a los/as pequeños/as, no cabe duda de la necesidad de trabajar la inteligencia emocional primero en los adultos que se encargan de su cuidado o que son una fuente de influencia importante para ellos. Los padres son el principal modelo en ellos en cuanto a comportamiento, especialmente en las primeras etapas de la vida. Posteriormente se irá ampliando el número de personas que van a servir como guía de aprendizaje en cuanto a comportamiento, ya sean maestros/as, compañeros/as, etc. Los niños aprenderán a conocer y gestionar sus emociones en la medida en que estas se muestren y se acepten, se tome conciencia de ellas, y se gestionen de forma adecuada en los distintos ambientes en los que se relaciona. Un/a niño/a que observe en su entorno que las emociones son algo negativo, que hay que evitar y donde se emplee la negación de las mismas, aprenderá que no debe dejarse llevar por sus sentimientos y probablemente tendrá más dificultad para expresarlos o tenderá a reprimirlos. Por otro lado, si el entorno de un/a niño/a le muestra las emociones de forma exagerada, sin ningún tipo de control o reflexión, aprenderá a reaccionar en su vida diaria llevándolas al extremo sin cuestionarse cuáles son los espacios o las personas adecuadas para expresarlas.

Lo que parece claro es que para poder enseñar inteligencia emocional, a gestionar emociones a nuestros hijos/as, primero debemos aprender a hacerlo nosotros mismos. Dedicar el tiempo y el espacio adecuado a la comunicación emocional y al aprendizaje de la importancia y la utilidad de las mismas también es una tarea clave, tanto en el contexto familiar como en el escolar o social más amplio.

Artículo de Drissa-Elma Delkader Palacios (Psicologos en Madrid Psicomaster)

 

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