Problemas de conducta en la infancia

Problemas de conducta en la infancia

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¿Son problemas de conducta o es normal para su edad?

Los problemas de conducta o  conductas disruptivas se dan con bastante frecuencia en la infancia y requieren un manejo adecuado por parte del entorno, tanto de los padres, educadores, maestros, como del resto de la familia. Se trata de un problema muy demandado en las consultas de psicología, siendo a veces difícil diferenciar lo que resulta patológico y lo que forma parte del desarrollo normal de los niños.

Por citar alguna referencia de interés, el manual de diagnóstico DSM-V TR define el trastorno negativista desafiante como un trastorno en el que aparece un patrón de enfado o irritabilidad, con discusiones y actitud desafiante o vengativa. Como suele suceder en psicopatología, un comportamiento puede considerarse patológico o no dependiendo de la frecuencia y duración con la que ocurra, así como de su persistencia a lo largo del tiempo. En general, los problemas de conducta se consideran patológicos cuando estos problemas de conducta se dan prácticamente todos los días en el caso de los niños menores de 5 años, o al menos una vez a la semana en los mayores de esta edad, persistiendo en todos los casos al menos durante 6 meses. De esta forma se entiende que el comportamiento disruptivo es algo normal en los niños más pequeños, exigiendo un mayor cumplimiento de las normas sociales conforme los niños van creciendo.

El problema se considera de mayor gravedad si aparece asociado a más de un entorno. Esto quiere decir que no tiene la misma trascendencia en la socialización del niño, un comportamiento que aparece en cualquier contexto donde en niño se relaciona con otras personas, que un problema asociado únicamente a su comportamiento en casa, por ejemplo, siendo capaz de respetar las normas en la escuela.

Pproblemas de conducta niñosara diferenciar lo que es patológico y lo que no lo es, también habrá que tomar en consideración la gravedad de los problemas de conducta del niño y la desaparición espontánea a lo largo del desarrollo. No tiene la misma gravedad una conducta de desafío en la que el niño se niega a responder a las peticiones de sus padres (vestirse, preparar su mochila, hacer los deberes, etc), que un comportamiento agresivo o violento hacia sus iguales o incluso hacia el adulto. Además hay que tener en cuenta que existen comportamientos que, aunque pueden considerarse retadores, forman parte de algunas etapas evolutivas en el desarrollo de los niños, como por ejemplo cuando aprenden a decir “no”, cuando desafían las normas para negociar con los padres y conseguir sus deseos, etc.

¿Cuáles son las causas y soluciones a los problemas de conducta en niños?

El comportamiento de los niños, con independencia de los aspectos atribuibles al temperamento y a causas biológicas, está en gran medida determinado por aprendizajes adquiridos a lo largo de su historia de desarrollo. Podemos entender la conducta infantil como el resultado de una serie de influencias que constituyen esos aprendizajes. En este sentido representan un papel fundamental las figuras de autoridad, que suelen ser los padres y educadores, actuando como modelos en su comportamiento y fuente de referencia en cuanto a normas y límites. Además, son los que determinan las consecuencias de las conductas de los niños en forma de premios y castigos.

La hipótesis de la coerción (Patterson, 1982) nos ayuda a entender las razones por las que el niño mantiene su mal comportamiento: Cuando hay una discusión familiar, en la que los padres piden a los hijos que hagan alguna de sus tareas (ordenar su habitación, estudiar, etc), el niño puede retar al adulto, negarse a hacer lo que le piden, y de esta manera evita hacer algo que para él es desagradable o no quiere hacer. El niño puede empezar a aumentar su nivel de agresividad (al principio puede ser verbal únicamente, pero puede acabar convirtiéndose en amenazas, intimidaciones mediante golpes a objetos o incluso llegando a la agresión física a los padres), ante la petición del adulto, o ante el intento de éste de poner algún límite. Si los padres responden cediendo y permitiendo que el niño no haga lo que se le pidió (tareas de la casa, deberes del colegio, etc), el niño habrá entendido que esa escalada de agresividad es eficaz para evitar hacer algo que no quiere hacer, favoreciendo de esta forma los problemas de conducta.

Por otro lado, los problemas de conducta también se mantienen debido a la atención que le prestamos el resto de la familia. Aunque pueda resultar contradictorio, puede que el niño se sienta reforzado en su conducta dominante y agresiva o retadora, por el simple hecho de recibir atención. Dejamos lo que estamos haciendo, interrumpimos nuestras actividades, nuestras conversaciones, aunque sea para regañar al niño.

Como hemos visto, los problemas de conducta pueden limitarse al ámbito familiar o extenderse a otros contextos como el escolar o social más amplio. De hecho puede que diferentes personas describan de manera muy diferente al mismo niño. Esto se debe a que las consecuencias que tienen los niños por su comportamiento en diferentes entornos no siempre son las mismas. Es bastante habitual que en casa los padres sean más permisivos con las normas y los límites que en la escuela, aunque también puede suceder al contrario.

Teniendo en cuenta estas consecuencias y mediante pautas concretas para aplicar en casa y en el cole, podemos ayudar a las familias a mejorar el comportamiento de los niños. Ante una familia que acude a consulta para plantear problemas de conducta de uno de sus hijos, gran parte del trabajo requiere la implicación de los padres a los que se les proporcionan pautas adecuadas para manejar esas conductas. Al mismo tiempo se establecen acuerdos con el niño acerca de las exigencias y las normas que debe respetar, y se le explicarán las consecuencias que tendrá tanto cumplirlo como no hacerlo.

Por tanto la participación del entorno es esencial para mejorar los problemas de conducta, incluyendo a padres, al resto de la familia y a la escuela. Y esto sucede así porque es precisamente ese entorno el que interactúa diariamente con el niño, quien tiene el papel de aplicar consecuencias a su comportamiento, negociar con él, enseñarle a respetar normas, a cumplir con sus responsabilidades, y así lograr una mayor adaptación.

Artículo de Drissa-Elma Delkader Palacios (Psicologa especialista en infantil- Psicomaster)

Centro de Psicología Psicomaster

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