Timidez, asertividad, déficit habilidades sociales, agresividad

Terapia psicologica habilidades sociales y asertividad

Las relaciones sociales juegan un papel decisivo en el desarrollo de la sociedad y también en el estado de bienestar del individuo, siendo un elemento clave en el proceso de maduración de la persona. Las consecuencias de las dificultades para relacionarnos socialmente pueden ser devastadoras pudiendo provocar inhibición social, aislamiento, inseguridad, ansiedad, depresión y baja autoestima.

Solicitud de información

FacebookTwitterGoogle+LinkedIn

¿Cómo mejorar la asertividad y las habilidades sociales?

Algunos de los problemas más comunes que amenazan las relaciones sociales cuando hay niños o adolescentes, los abordará el psicólogo infantil y se puede consultar información al respecto en la sección de Terapia psicológica Infantil y Adolescente, en el apartado de problemas de conducta ver también taller de habilidades sociales para niños.

Las dificultades para relacionarse con los demás pueden deberse a diferentes causas, siendo las más frecuentes:

  • Déficit de habilidades sociales y asertividad
  • La timidez o el temor a la evaluación negativa de los demás
  • La presencia de trastornos psicológicos, cuya sintomatología principal estriba en dificultades en el área social, cómo la fobia social o el trastorno de personalidad por evitación
  • La presencia de otros trastornos psicológicos o problemas emocionales cuyos síntomas afectan también al área social, tales cómo depresión, déficit de autoestima, algunos trastornos de personalidad, esquizofrenia, entre otros

Existe la creencia bastante generalizada de que las conductas sociales son innatas, así la simpatía o el éxito social se atribuyen con frecuencia al “carisma” o “a ser más lanzado” entendido cómo características que posee el individuo. Sin embargo, este tipo de creencias no se corresponden con la realidad ya que las conductas sociales y la asertividad se adquieren a través de la experiencia en un proceso de aprendizaje. Cuando practicamos determinadas habilidades sociales y obtenemos éxito social, tenderemos a utilizarlas en el futuro y adquiriremos más práctica en ellas.

Encontramos con frecuencia en la clínica, personas que han aprendido a comportarse de un modo agresivo o sumiso y estas conductas influyen notablemente en la calidad de sus relaciones sociales, en su autoestima y en el grado de satisfacción que obtienen. Presentan un déficit de asertividad por lo que no son capaces de defender sus derechos de una forma adecuada disminuyendo, de ese modo las probabilidades de conseguir éxito social.

Múltiples autores comparten el criterio de agrupar la conducta interpersonal en tres estilos: Sumiso o Pasivo, Agresivo y Asertivo.

La sumisión y la agresividad serían cómo los dos extremos de un continuo en los que la persona o no defiende sus derechos (sumisión) o lo hace avasallando los derechos de los demás (agresividad).

La conducta asertiva o asertividad es el punto intermedio y adecuado. Pero ¿qué es un comportamiento asertivo? Citando a Lazarus podríamos resumirlo:

  • La capacidad de decir no
  • La capacidad de pedir favores y hacer peticiones
  • La capacidad de expresar sentimientos positivos y negativos
  • La capacidad de iniciar, continuar y acabar conversaciones.

Las conductas asertivas pueden aprenderse mediante un entrenamiento adecuado en habilidades sociales y asertividad.

Otras dificultades que experimenta la persona cómo la timidez o el temor a la evaluación negativa de los demás y la fobia social, pueden inhibir o limitar su intervención social al experimentar ansiedad, esto conducirá a medio y largo plazo a un déficit de habilidades sociales, al no tener oportunidad de experimentar conductas adecuadas, de practicarlas suficientemente y de que dichas conductas puedan obtener éxito social y reforzarse. Será necesario trabajar esos temores para favorecer que gradualmente la persona se atreva a exponerse a situaciones sociales. La superación del miedo, con frecuencia combinado con un entrenamiento en determinadas habilidades sociales, redundará en la puesta en práctica de conductas adecuadas que se verán reforzadas por los demás.

Cuando las dificultades de relación sean debidas a trastornos psicopatológicos será necesario trabajar dichos trastornos para resolver el conflicto, siendo también frecuente que junto con el trabajo realizado para el trastorno específico haya que realizar también un entrenamiento en habilidades sociales y asertividad.

Tratamiento psicológico de los problemas de relación

El psicólogo seguirá unos pasos que podrían resumirse en:

  • Crear una buena relación terapéutica, favoreciendo un clima de colaboración y trabajo en equipo psicólogo-paciente a través del entendimiento, la empatía y la aceptación incondicional de los problemas.
  • Evaluar de forma individualizada cuáles son las causas de sus problemas de relación y los mecanismos de mantenimiento
  • Explicación pedagógica respecto a por qué ocurren y se mantienen los conflictos.
  • Marcar unos objetivos a alcanzar mediante el tratamiento, de acuerdo con la persona.
  • Diseñar un tratamiento individualizado y adecuado a las necesidades de cada persona teniendo en cuenta los factores causales y de mantenimiento. La terapia psicológica implica una intervención integral en cuatro áreas: pensamientos, emociones y respuestas fisiológicas, conductas y entorno social de la persona.
  • En la parte final, diseñar un programa de prevención de recaídas y de mantenimiento de los logros alcanzados en la terapia.

Como hemos visto anteriormente, con bastante frecuencia será necesario realizar un entrenamiento en habilidades sociales y asertividad, sólo o combinado con otras intervenciones cuando existen problemas de relación, por lo que exponemos a continuación resumidamente los puntos en los que consiste:

  • Evaluación de las habilidades sociales y de las dificultades concretas que presenta la persona (componentes verbales y no verbales)
  • Explicación psicopedagógica de las normas sociales adecuadas
  • Entrenamiento específico en las habilidades sociales y asertivas que requiere la persona, mediante:
    • Instrucciones
    • Modelado
    • Ensayo de conducta
    • Reforzamiento de la conducta adecuada
  • Identificación e intervención en las variables cognitivas (pensamientos y creencias) que dificultan la adecuada puesta en práctica de las habilidades sociales.
  • Exposiciones graduadas en el entorno en que se desenvuelve el paciente para favorecer la generalización.
  • Prevención de recaídas.