Actualizado por última vez el 28 noviembre, 2025
Redactado por Mª Jesús Andrés Pérez
Controlar la ira y la agresividad es fundamental para mantener relaciones sanas y tomar decisiones más equilibradas. Aunque la ira es una emoción normal que forma parte de nuestra vida, cuando aparece con demasiada intensidad o frecuencia puede generar conflictos, deteriorar vínculos y afectar a nuestro bienestar emocional. Por eso, comprender cómo se origina, qué pensamientos la alimentan y qué podemos hacer para gestionarla es clave para recuperar el control.
En este artículo te explicamos por qué surge la ira, qué mecanismos psicológicos la mantienen y cómo puedes aprender a manejarla con estrategias basadas en la evidencia, utilizadas habitualmente en terapia psicológica.
Cómo surge la ira
Cada uno de nosotros tenemos una forma de entender el mundo, la realidad y las experiencias que vivimos. Tenemos una serie de creencias y pensamientos sobre cómo deben ser las cosas, cómo debería actuar la gente y cómo debería ser la vida.
Precisamente, estos “debería” son unos de los errores más comunes de pensamiento que cometemos. Esta forma de pensar implica imposición y exigencia (tanto en uno mismo como en los demás) y pueden provocar que se produzcan reacciones emocionales de enfado, como la rabia o la ira.
Para aprender a controlar estos estados de ira es importante hacer algunos cambios en nuestra forma de entender el mundo (es decir, cambiar lo que pasa por nuestra mente). En este sentido, la terapia psicológica es muy eficaz para desmontar los mecanismos que mantienen la ira y trabajar alternativas saludables.
Elementos a tener en cuenta para controlar la ira
Para gestionar la ira de manera eficaz no basta con intentar “calmarse” en el momento. Es necesario comprender qué la activa, cómo interpretamos las situaciones y de qué forma esos pensamientos influyen en nuestras reacciones. Para aprender a controlarla mejor, es importante tener en cuenta los siguientes elementos:
- Existen personas con puntos de vista diferentes al nuestro.
- Existen diferentes modos de entender y de hacer las cosas, lo cual nos enriquece.
- Si una persona plantea una opción diferente a la que creemos correcta, no lo hace para fastidiarnos, se trata de otro punto de vista y hay que respetarlo.
- No esperes a que los demás cambien o sean diferentes, los demás son como son, no son “como deberían ser”, no son “como nos gustaría que fuesen”.
- Tampoco podemos controlar los errores de los demás, por tanto es bueno aprender a aceptarlos tal como son, de lo contrario solo sentiremos frustración, odio y hostilidad.
- No impongas cómo tienen que ser las cosas y no exijas que los demás reconozcan que sólo tú tienes la razón.
- No levantes la voz, no insultes.
- Comunícate en primera persona: “yo siento, yo quiero…”, en lugar de “tú eres, tú me haces….” Los mensajes yo son un vehículo para transmitir nuestros sentimientos de manera respetuosa.
Errores de pensamiento más habituales en la ira y la agresividad
Continuamente juzgamos el comportamiento de los demás y dichos juicios se basan en un conjunto de reglas de cómo debería o no debería actuar la gente. Así, pensamos que las personas que se comportan de acuerdo con nuestras normas son buenas y las que no, están equivocadas o son malas. Damos por sentado que la gente debe conocer y aceptar nuestras reglas y, cuando las rompen, lo interpretamos como una ruptura deliberada de lo que es correcto.
En estos casos es importante recordar que los “deberías” que utilizamos son valores y necesidades nuestros impuestos a alguien con valores y necesidades diferentes.
Una estrategia para combatir esto es hacer uso de la empatía, es decir, ponerse en el lugar del otro. Para ello, podemos preguntarnos lo siguiente:
- ¿Qué necesidades o creencias tendrá para actuar de ese modo?
- ¿Qué puede haber sucedido en su vida para que se comporte así?
- ¿Qué miedos, problemas, educación, etc., tendrá para actuar así?
Los “deberías” que más influyen en las reacciones de enfado son los siguientes:
La creencia de tener derecho
Muchas veces confundimos las necesidades con deseos. Un ejercicio para controlar esto es pensar lo siguiente:
“Yo soy libre de querer, pero la otra persona es libre de decir que no. Yo tengo mis límites y tú tienes los tuyos. Tengo derecho a decir que no y tú también lo tienes. Mis deseos no te obligan a satisfacerlos.”
La creencia de la justicia
En las relaciones personales no existe ningún tribunal o árbitro que dictamine lo que es justo. Por lo tanto, cuando decimos “esto no es justo” estamos confundiendo nuestros deseos y preferencias con la justicia, lo cual produce frustración (y, como consecuencia, puede aparecer la ira). Para sobrellevar estas emociones es necesario aprender a ajustar nuestras expectativas o lo que esperamos a la realidad, es decir, no esperar tanto ni tan rápido de la gente y de la vida.
Como estrategia de solución tenemos que descartar la idea de justicia y comenzar a negociar con los demás si lo que queremos es posible tenerlo.
Los condicionales (si…)
Pensar de manera condicional es: “si me quisiera saldría conmigo a pasear”, “si fuera un buen amigo me prestaría su coche”, “si ellos valorasen mi trabajo me darían un despacho mejor”, etc. Pero lo cierto es que no siempre los demás van a satisfacer nuestras necesidades totalmente.
Utilizar los condicionales puede ser una estrategia de manipulación porque puede que hagamos sentir mal al otro para conseguir lo que queremos. Además, a largo plazo el resultado será que los demás terminen apartándose o evitándonos.
Para gestionar este estado, podemos empezar a pensar así:
- Decepcionar a alguien no significa que no le queramos o respetemos
- Si alguien me decepciona porque no actúa como yo espero, eso no significa que no me aprecie
- Las necesidades del otro son tan legítimas como las mías, podemos negociar
La creencia de que liberar la ira es bueno
Esta creencia se basa en pensar que la gente que nos hiere o causa dolor debe ser castigada. Funciona como una especie de revancha para cualquier injusticia percibida.
La creencia implícita es que uno no es responsable de su dolor, son los otros los que nos hacen daño. Pero esto no es así, porque somos responsables de nuestras experiencias de dolor. Exteriorizar la ira destruye las relaciones y no nos lleva a conseguir lo que queremos; lo único que produce es frialdad, alejamiento y más ira a cambio.
En las situaciones en que algo nos moleste, en lugar de liberar la ira, podemos utilizar el comportamiento asertivo para pedir de forma adecuada un cambio de conducta en la otra persona. Por tanto, no se trata de “tragarse” el enfado, sino de saber gestionar la situación.
Culpabilizadores
Alguien nos ha hecho daño y le echamos la culpa a esa persona. La culpabilización hace que nos enfademos, que sintamos ira porque el responsable de nuestro sufrimiento es esa persona. El problema de la culpabilización es que niega la realidad de dos modos:
- Cuando culpabilizamos a alguien asumimos que no somos los responsables de nuestro sufrimiento, es el otro.
- Cuando culpabilizamos a alguien asumimos un mundo en el cual las personas hacen deliberadamente cosas malas.

Estrategias para controlar la ira
Cuando una persona siente ira, su cuerpo y su mente reaccionan de forma intensa, dificultando pensar con claridad y actuar de manera adecuada. Por eso, además de identificar qué pensamientos la desencadenan, es esencial aprender herramientas prácticas que permitan reducir la activación, recuperar la calma y responder de un modo más constructivo.
A continuación encontrarás una serie de estrategias efectivas que te ayudarán a gestionar mejor la ira y a prevenir reacciones impulsivas que puedan empeorar la situación:
1. Mantén la serenidad, ya que permite afrontar los problemas con mayores probabilidades de éxito.
2. Utiliza autoinstrucciones que guíen tu conducta para ayudarte a tranquilizarte:
- «Venga tranquilo, respira hondo»
- «No se consigue nada enfureciéndose, sentirme inquieto no me va a ayudar en nada»
- «Vamos a ver, ¿qué quiero conseguir de esta situación?»
- «Voy a permanecer sereno y no voy a hacer juicios de esa persona»
- «Voy a tener un poco de paciencia»
- «Irritado lo único que voy a conseguir es que esta situación se mantenga más tiempo»
3. Parar el pensamiento negativo utilizando la distracción.
4. Tomarte un tiempo y alejarte un rato de la persona o situación desencadenante de tu ira. Acepta que estás enfadado y que se pasará e intentar distraerte y calmarte (caminar, correr, esfuerzo físico, relajarse, pensar en algo agradable). De esta forma, después podrás analizar lo ocurrido y solucionarlo bien. No hay que recrearse en los pensamientos de ira ni malgastar el tiempo buscando argumentos. Es importante que, si vas a algún sitio, sepas a dónde, cuánto tiempo e informar a la otra persona.
Terapia psicológica para aprender a gestionar la ira
Controlar la ira no consiste en reprimirla, sino en entender qué la provoca, modificar los pensamientos que la alimentan y aprender estrategias prácticas para manejarla de forma saludable. Como hemos visto, identificar los “deberías”, cuestionar las creencias rígidas, practicar la empatía y aplicar técnicas de autocontrol son pasos clave para reducir la agresividad y mejorar tus relaciones.
Si sientes que la ira aparece con demasiada frecuencia, te desborda o está dañando tu bienestar o tus vínculos, la ayuda profesional puede marcar la diferencia. En Psicomaster contamos con psicólogos especializados en el manejo de la ira que te acompañarán para recuperar la calma y desarrollar habilidades emocionales más sanas.
Preguntas frecuentes sobre cómo gestionar la ira
¿Cómo se puede controlar la ira?
La ira se controla aprendiendo a identificar las señales tempranas, cuestionando los pensamientos que la alimentan y aplicando técnicas como la respiración profunda, las autoinstrucciones, la comunicación asertiva y la toma de distancia temporal. La terapia psicológica ayuda a desarrollar estrategias estables para manejarla de forma saludable.
¿Por qué tengo tanta ira?
La ira intensa puede deberse a creencias rígidas (“las cosas deberían ser como yo quiero”), estrés acumulado, frustración, falta de habilidades de comunicación o experiencias del pasado no resueltas. También puede aparecer cuando la persona interpreta las situaciones como amenazas o injusticias. Un psicólogo puede ayudarte a identificar el origen y modificar estos patrones.
¿Cuál es la mejor terapia para el control de la ira?
La terapia cognitivo-conductual (TCC) es la más eficaz para el control de la ira. Trabaja los pensamientos que la desencadenan, enseña técnicas de autocontrol y mejora la comunicación y la gestión emocional. En muchos casos, se complementa con entrenamiento en habilidades sociales y regulación emocional.
Psicóloga colegiada M-16821
· Fundadora del Centro de Psicología Psicomáster
· Certificado Europeo de Clínico experto en EMDR por la Asociación EMDR Europa
· Experta en Apego y Disociación, Trauma e Integración de los estados del yo
· Certificado de Especialista en Psicoterapia acreditado por la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos (EFPA)
· Máster en Psicología Clínica Cognitivo- Conductual- Social
· Tutora Profesional de Prácticas en el Máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad San Rafael - Nebrija
· Docente de práctica clínica, colaborando con varios Máster de la Asociación Española de Psicología Clínica Cognitivo Conductual
· Certificado Europsy de Especialista en Psicoterapia
· Medalla de Oro Foro Europa 2001
· Miembro de la Asociación EMDR-Europa
· Psicoterapeuta acreditada por la Asociación Española de Terapia Cognitivo-Conductual-Social (ASETECCS)
· Licenciada en Psicología por la UNE






INDUDABLEMENTE LA IRA NOS DESEQUILIBRA, NOS OBNUBILA, NO NOS DEJA PENSAR OBJETIVAMENTE, OBRAMOS POR IMPULSOS, DESPROVISTOS DE RAZONAMIENTO, Y EL RESULTADO ES MAS IRA Y MAS INCOMPRENSION
Me ha encantado el artículo. Me sirve para tener en cuenta muchas instrucciones que me demanda el día a día ya que, frecuentemente, hay situaciones cotidianas que no resuelvo adecuadamente. Muchas gracias.