Actualizado por última vez el 2 marzo, 2026
Redactado por Mª Jesús Andrés Pérez
Ante una misma situación difícil (una ruptura, una pérdida, problemas laborales o una etapa prolongada de estrés) no todas las personas reaccionan igual. Mientras algunas logran adaptarse y seguir adelante, otras desarrollan un estado de tristeza profunda, apatía y desesperanza que puede convertirse en una depresión.
Esto lleva a una pregunta frecuente: ¿por qué ante circunstancias similares unas personas se deprimen y otras no? ¿Depende solo de lo que ocurre o también influyen factores psicológicos como la forma de pensar, la autoestima o la historia personal?
La depresión no se explica únicamente por los acontecimientos externos. La investigación en psicología muestra que la vulnerabilidad a la depresión está relacionada con la manera en que interpretamos lo que nos sucede, los esquemas mentales que hemos construido a lo largo de la vida y el grado de sensación de control que percibimos sobre nuestra realidad.
En este artículo analizaremos qué factores psicológicos influyen en el desarrollo de la depresión, por qué algunas personas son más vulnerables que otras y cómo la forma de interpretar la experiencia puede marcar la diferencia entre adaptarse o desarrollar un estado depresivo.
¿Depende solo de lo que vivimos?
Cuando hablamos de las causas de la depresión, es habitual pensar que todo depende de lo que nos ha ocurrido. Situaciones como una pérdida importante, conflictos prolongados, problemas económicos o estrés laboral pueden afectar profundamente al estado de ánimo. Y es cierto: los acontecimientos vitales influyen en nuestra salud mental.
Sin embargo, los hechos por sí solos no explican por qué algunas personas desarrollan depresión y otras no. Dos personas pueden atravesar experiencias similares y reaccionar de manera muy diferente. Mientras una logra adaptarse con el tiempo, la otra puede sentirse atrapada en la tristeza, la apatía o la desesperanza.
La diferencia suele estar en la interpretación psicológica de lo que ocurre. No es únicamente el evento, sino el significado que le atribuimos. Cuando una persona percibe que no tiene recursos para afrontar la situación, que no puede cambiar lo que sucede o que el futuro será inevitablemente negativo, aumenta el riesgo de desarrollar un estado depresivo.
Este mecanismo se relaciona con el concepto de indefensión aprendida, que explica cómo, tras experiencias repetidas en las que sentimos que nuestros esfuerzos no cambian el resultado, podemos llegar a la conclusión de que “no merece la pena intentarlo”. Si esta forma de pensar se generaliza a distintos ámbitos de la vida (trabajo, relaciones, autoestima) puede convertirse en un factor de vulnerabilidad a la depresión.

¿Qué hace que una persona sea más vulnerable a deprimirse?
Para entender por qué ante una misma situación unas personas desarrollan depresión y otras no, es importante hablar de los patrones de pensamiento y factores psicológicos que influyen en la vulnerabilidad emocional.
Uno de los elementos clave son los esquemas mentales. Los esquemas son creencias profundas que hemos ido construyendo a lo largo de la vida, especialmente durante la infancia y la adolescencia. Funcionan como un filtro automático a través del cual interpretamos la realidad: influyen en cómo nos vemos a nosotros mismos, cómo interpretamos lo que hacen los demás y qué expectativas tenemos sobre el futuro.
Cuando estos esquemas son rígidos o negativos, pueden aumentar el riesgo de desarrollar síntomas depresivos ante situaciones estresantes.
· Estilo de pensamiento negativo
Algunas personas tienden a interpretar la realidad desde un enfoque más pesimista o extremo. Este estilo suele incluir:
- Generalizaciones (“si algo sale mal, siempre saldrá mal”).
- Pensamiento todo o nada.
- Autocrítica excesiva.
- Anticipación constante de resultados negativos.
Este tipo de interpretaciones favorece la aparición de desesperanza, uno de los núcleos centrales de la depresión.
· Sensación de falta de control
Cuando una persona percibe que no puede influir en lo que le ocurre o que sus esfuerzos no cambian la situación, puede desarrollarse una sensación de indefensión. Con el tiempo, esta percepción reduce la motivación, aumenta la apatía y refuerza la idea de que “no merece la pena intentarlo”.
· Baja autoestima persistente
Una autoimagen negativa mantenida en el tiempo también incrementa el riesgo. Las personas con baja autoestima estructural suelen:
- Interpretar los errores como defectos personales.
- Minimizar sus logros.
- Dudar constantemente de su valía.
Ante una dificultad, esta base de autovaloración frágil amplifica el impacto emocional.
· Experiencias tempranas y apego
Las primeras relaciones influyen profundamente en la forma en que construimos nuestros esquemas. Experiencias marcadas por críticas constantes, inseguridad emocional o falta de apoyo pueden contribuir a creencias como “no soy suficiente” o “no puedo confiar en los demás”.
¿Se puede cambiar esta forma de interpretar la realidad?
Si los esquemas mentales y los patrones de pensamiento influyen en la vulnerabilidad a la depresión, es lógico preguntarse si es posible modificarlos. La buena noticia es que sí. Aunque estas formas de interpretar la realidad pueden estar muy arraigadas (porque se han ido construyendo durante años) no son inmutables. Al tratarse de aprendizajes, también pueden revisarse y flexibilizarse.
En muchas personas con síntomas depresivos, los pensamientos negativos aparecen como verdades incuestionables: “no soy capaz”, “nada va a mejorar”, “siempre fracaso”. Sin embargo, cuando se analizan con mayor profundidad, suele observarse que están basados en interpretaciones parciales, generalizaciones o experiencias pasadas que se han convertido en reglas rígidas.
El trabajo psicológico consiste en ayudar a la persona a:
- Identificar sus patrones de pensamiento habituales.
- Detectar interpretaciones extremas o distorsionadas.
- Cuestionar creencias que generan indefensión.
- Construir formas más equilibradas y realistas de interpretar la realidad.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Sentirse triste, desmotivado o desanimado en determinados momentos de la vida es algo humano y normal. Sin embargo, hay situaciones en las que el malestar deja de ser una reacción puntual y empieza a convertirse en un problema que requiere atención.
Algunas señales de alerta que pueden indicar la necesidad de consultar con un profesional son:
- Tristeza persistente la mayor parte del día.
- Pérdida de interés o incapacidad para disfrutar de actividades que antes resultaban agradables.
- Sensación constante de cansancio o falta de energía.
- Dificultades para concentrarse o tomar decisiones.
- Pensamientos recurrentes de inutilidad, culpa o desesperanza.
- Alteraciones significativas del sueño o del apetito.
Buscar ayuda significa tomar una decisión activa para comprender lo que está ocurriendo y recuperar el bienestar emocional. Un profesional de la psicología puede ayudarte a evaluar la situación, identificar los factores que están influyendo y plantear un abordaje adaptado a tus necesidades.
Si tienes dudas sobre si lo que estás experimentando puede estar relacionado con un estado depresivo, habla con nuestros psicólogos especializados en depresión.
Psicóloga colegiada M-16821
· Fundadora del Centro de Psicología Psicomáster
· Certificado Europeo de Clínico experto en EMDR por la Asociación EMDR Europa
· Experta en Apego y Disociación, Trauma e Integración de los estados del yo
· Certificado de Especialista en Psicoterapia acreditado por la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos (EFPA)
· Máster en Psicología Clínica Cognitivo- Conductual- Social
· Tutora Profesional de Prácticas en el Máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad San Rafael - Nebrija
· Docente de práctica clínica, colaborando con varios Máster de la Asociación Española de Psicología Clínica Cognitivo Conductual
· Certificado Europsy de Especialista en Psicoterapia
· Medalla de Oro Foro Europa 2001
· Miembro de la Asociación EMDR-Europa
· Psicoterapeuta acreditada por la Asociación Española de Terapia Cognitivo-Conductual-Social (ASETECCS)
· Licenciada en Psicología por la UNE






