Actualizado por última vez el 20 abril, 2026
Redactado por Mª Jesús Andrés Pérez
La agorafobia es un problema de ansiedad que puede llegar a limitar de forma importante la vida diaria de quien la padece. Muchas personas comienzan experimentando sensaciones como mareo, dificultad para respirar, palpitaciones o una intensa sensación de miedo en determinados lugares, sin entender muy bien qué les está ocurriendo.
Si alguna vez te has preguntado si lo que te ocurre puede ser agorafobia, en este artículo te explicamos qué es exactamente y cómo identificar si puedes estar experimentándola.
¿Qué es la agorafobia?
La agorafobia es un trastorno de ansiedad en el que la persona siente un miedo intenso ante situaciones donde percibe que escapar puede ser difícil o que no podrá recibir ayuda si se encuentra mal. Este temor no se debe tanto al lugar en sí, sino a la posibilidad de experimentar síntomas de ansiedad y no poder controlarlos.
Por este motivo, la agorafobia suele aparecer en contextos como espacios abiertos, lugares cerrados con mucha gente, transporte público, multitudes o al salir de casa solo. En muchos casos, el problema comienza tras una crisis de ansiedad o ataque de pánico, y a partir de ahí se desarrolla el miedo a que vuelva a ocurrir.
Con el tiempo, este temor puede llevar a evitar cada vez más situaciones, lo que acaba limitando la autonomía y la vida diaria de la persona. Por eso, la agorafobia no consiste solo en tener miedo, sino en el patrón de evitación y malestar que se va consolidando si no se trata.
¿Cómo saber si tienes agorafobia?
La agorafobia se identifica por un patrón que se repite en el tiempo y que acaba condicionando tu comportamiento.
Puedes plantearte si lo que te ocurre podría estar relacionado con agorafobia si te identificas con varias de estas situaciones:
- Evitas lugares o situaciones por miedo a sentirte mal
- Sientes ansiedad intensa al exponerte a ciertos contextos, o incluso al anticiparlos
- Te preocupa no poder escapar, no recibir ayuda o perder el control
- Necesitas ir acompañado para sentirte más seguro fuera de casa
- Has reducido actividades habituales (salir, viajar, trabajar, hacer recados)
- Buscas constantemente formas de sentirte “seguro”
Situaciones en las que suele aparecer la agorafobia
Para que pueda considerarse agorafobia, es habitual que el miedo o la ansiedad aparezcan en al menos dos tipos de situaciones donde la persona percibe que escapar puede ser difícil o que no dispondrá de ayuda si se encuentra mal.
Estas situaciones suelen incluir:
- Miedo a los espacios abiertos: aparcamientos, grandes avenidas, amplias plazas, recintos deportivos al aire libre, etc.
- Miedo a los espacios cerrados: centros comerciales, tiendas, cines, teatros o conciertos. Normalmente suelen ser lugares concurridos con mucha gente.
- Miedo a las multitudes: lugares muy concurridos, suelen ser espacios abiertos muy grandes como estadios de fútbol o espacios grandes cerrados como centros comerciales por lo que produciría ansiedad por partida doble.
- Miedo al uso de medios de transporte: en el caso de los públicos (metro o trenes) cuando el recorrido es bajo tierra. También es frecuente el miedo a los aviones y barcos al no poder salir de ellos durante largas horas. Por último, el miedo a los autobuses y coches particulares tampoco es infrecuente.
- Miedo a la incontinencia o a vomitar en público: a veces la ansiedad puede generar miedo a no poder controlar los esfínteres o a vomitar en público. Puede coincidir con personas que padecen el síndrome de intestino irritable que provoca episodios de diarrea incontrolable.
- Miedo al centro de trabajo: suele ocurrir sobre todo en personas que han estado largo tiempo de baja por algún problema laboral o de ansiedad.
- Miedo a salir de casa solo: este miedo es el más incapacitante y aúna todos los anteriores. El temor inunda a la persona hasta el punto de no sentirse segura fuera de casa y necesita en todo momento la compañía de alguna persona de confianza, normalmente un familiar o amigo.
Como se puede ver, la agorafobia no es solo tener miedo a los espacios abiertos, sino que son muchas situaciones las que pueden desencadenar la ansiedad, el miedo y las conductas de evitación.
¿Qué pasa si no se trata la agorafobia?
El miedo y la ansiedad anticipatoria pueden llevar a la persona a evitar cada vez más situaciones, hasta el punto de recluirse en casa como forma de sentirse a salvo. Aunque esta evitación reduce el malestar a corto plazo, a medio y largo plazo mantiene y agrava el problema, ya que refuerza la idea de que el peligro está fuera.
La agorafobia puede llegar a ser muy limitante si no se aborda a tiempo. No solo el miedo a los espacios abiertos o cerrados resulta incapacitante, sino que las conductas de evitación terminan condicionando la vida diaria. En algunos casos, la persona deja de trabajar, evita el transporte público o necesita ir siempre acompañada para poder salir.
Con el tiempo, esta situación puede derivar en aislamiento social, dependencia de familiares o pareja, abandono de actividades cotidianas y un impacto significativo en la vida personal, laboral y emocional. En los casos más extremos, la persona puede llegar a permanecer largos periodos sin salir de casa.
Además, aunque el apoyo de personas cercanas puede facilitar ciertas situaciones, también puede reforzar la dependencia y afectar a la autoestima y a las relaciones personales. Por este motivo, es importante intervenir cuanto antes y contar con ayuda profesional para romper este círculo de evitación y recuperar la autonomía.
Tratamiento de la agorafobia
La agorafobia es un problema que puede generar mucho malestar, pero también tiene solución con un tratamiento psicológico adecuado. Si te has reconocido en alguna de las situaciones descritas, es importante saber que lo que te ocurre tiene explicación y tratamiento.
En Psicomaster contamos con psicólogos especializados en trastornos de ansiedad que pueden ayudarte a entender lo que te está pasando y acompañarte en el proceso para recuperar tu bienestar y tu calidad de vida.

Ejemplo de agorafobia: la historia de Juan
Imagina que a nuestra consulta acude Juan porque hace tiempo que cada vez que sale de casa tiene que hacerlo con su pareja porque sino se pone muy nervioso y lo pasa muy mal. Además, según nos cuenta ya no viaja en metro y cuando tiene que ir a hacer la compra a grandes superficies se agobia mucho y siente un intenso malestar, por lo que ha dejado de hacerlo.
Nos describe que recuerda de forma muy precisa que todo comenzó un día lluvioso en el que entró en el metro a primera hora de la mañana. Por aquella época estaba pasando por una racha en la que en el trabajo estaba muy estresado debido a la presión que ejercían sobre él. Juan se define a si mismo como autoexigente y controlador. Además, a diario salía tarde por quedarse a terminar tareas pendientes, lo cual le hacía estresarse aún más, para poder terminar todas sus tareas y desde primera hora del día comenzaba anticipando con gran pesar, el día que le esperaba.
Estando en un vagón lleno de gente, empezó a notar que se le aceleraba el corazón y se puso muy nervioso. De repente notó que algo no iba bien en su cuerpo. El trayecto se le hizo eterno y sentía como a medida que se fijaba en sus pulso, éste se le aceleraba más, y empezó a tener pensamientos negativos relacionados con lo que le estaba ocurriendo, lo cual no hacía, sino aumentar su miedo ante la percepción de que le estuviera ocurriendo algo terrible.
Sin haber llegado a la estación en la que siempre se bajaba, decidió salir varias paradas antes y a toda prisa, dado que sentía que algo extraño le estaba ocurriendo: su respiración se aceleraba, notaba una intensa sensación de mareo, y desrealización y las palpitaciones iban a más. En cuanto salió del metro, Juan notó una gran sensación de calma y sosiego, sintiendo cómo su pulso, su respiración y los pensamientos que instantes antes le aterraban volvían a la normalidad. De repente, se encontraba bien, sin motivo aparente.
Este episodio, su primer episodio con una crisis de ansiedad, condicionará su temor en las siguientes ocasiones en las que note algo en su cuerpo. El que las condiciones vitales fueran las descritas, favoreció, que se diera el ataque de ansiedad, así como sus rasgos de elevada autoexigencia y perfeccionismo. Aquí comienza Juan a sufrir su agorafobia.
Lo primero que hizo Juan fue ir al médico a que le explicasen qué había podido ocurrirle y que le hiciesen todas las pruebas necesarias. Le dieron un ansiolítico y le explicaron que acababa de tener una crisis de ansiedad, dado que no encontraron causa orgánica a su problema.
Dos días después, intentó entrar en el metro y justo al tratar de bajar las escaleras, una intensa sensación de malestar volvió a invadir su cuerpo. De nuevo los pensamientos negativos acerca de lo que le podría ocurrir comenzaron a invadirle y a hacer que todavía aumentara más si cabe, su sensación de malestar.
Juan, optó por no entrar, prefiriendo ir caminando al trabajo. De forma sorprendente, de nuevo las sensaciones volvieron a desaparecer instantáneamente. Juan empieza a evitar situaciones y esto mantiene su cuadro de agorafobia.
Las semanas fueron pasando y Juan no volvió a intentar entrar en el metro. Tras ese episodio, prefirió modificar (evitar) la forma en la que se desplazaba a los sitios en lugar de tener que sentir las sensaciones tan desagradables de malestar. Cada vez que alguien de su entorno, trataba de quedar con él en una estación de metro, él le explicaba que se ponía muy nervioso y que prefería no viajar en metro. La agorafobia ya estaba haciendo de las suyas.
Llegaron las navidades varias semanas después, y estando con su pareja comprando en un abarrotado centro comercial, la historia se volvió a repetir.
Empezó a sentir como una sensación de malestar muy intensa volvía a recorrer su cuerpo, acompañado de pensamientos y extrañas sensaciones que le llevaron a escapar inmediatamente de allí.
Una vez más, se dirigió a su centro de salud, donde le indicaron que se trataba nuevamente de una crisis de ansiedad y le volvieron a recetar un ansiolítico.
Desde ese momento, Juan empezó a evitar las situaciones en la que su pareja le instaba a hacer la compra en una gran superficie o ir a un centro comercial. Él afirma que sólo era capaz de ir a pequeños comercios del barrio y en compañía de su pareja, puesto que solo anticipar en la posibilidad de sufrir otro ataque impedía que saliese de casa. La agorafobia ya estaba condicionando plenamente la vida de Juan.
En el tiempo en el que todo esto ocurrió, Juan tomaba ya una pastilla a diario, para tratar de llevar una vida normalizada. A veces no la necesitaba, pero siempre salía con ella de casa. Si no era así, era capaz de dar la vuelta o de comprar otra caja en la farmacia. Esto era lo único que conseguía calmarle, junto con las visitas periódicas a los diferentes especialistas, los cuales, en todo momento descartaron cualquier patología.
Esta descripción es un típico caso de agorafobia con inicio por ataque de pánico.
Tras evaluar en profundidad su problema de agorafobia, se fijaron con él los siguientes objetivos:
- Eliminar (o al menos reducir) los ataques de pánico (o la ansiedad excesiva), la preocupación por ataques de pánico futuros, la constante hipervigilancia de sus propias sensaciones físicas y los pensamientos catastróficos al respecto.
- Aprender a tolerar la ansiedad “normal” que producen muchas situaciones de la vida.
- Que Juan volviera a realizar todas sus actividades previas, eliminando las conductas de evitación, y dejando de realizar comprobaciones y de utilizar conductas de seguridad para su tranquilidad.
- Reducir sus esquemas de autoexigencia y perfeccionismo que le hacían vulnerable a la ansiedad.
El tratamiento de Juan para agorafobia:
- Se le explicó de forma pormenorizada qué es la ansiedad, qué puede provocar y qué no detallándole las consecuencias.
- Se le entrenó en exposición gradual a las situaciones temidas, para que poco a poco éstas fueran provocando cada vez, menos respuestas de ansiedad.
- Además, se le recomendó que abandonara progresivamente los fármacos, siempre bajo la supervisión del médico correspondiente.
- Se realizó una exposición a sus propias sensaciones (exposición a sus sensaciones temidas, taquicardia elevada).
- Se le enseñó la técnica de la Respiración controlada: para ayudarle a controlar la sobrerrespiración que le ocurría en situaciones de elevada ansiedad y las sensaciones desagradables asociadas.
- Para facilitarle las primeras exposiciones, se le instruyó en la Parada de pensamiento junto con autoinstrucciones y tareas distractoras.
- Se le enseño la técnica de la Reestructuración cognitiva para ayudarle a modificar los pensamientos desadaptativos para que generasen emociones más realistas y adecuadas.
- Aprendió a cuestionarse sus esquemas de autoexigencia y realizó exposiciones para modificarlos
Durante todo el tratamiento se contó con la colaboración de la pareja de Juan, lo cual facilitó la aplicación de la intervención para su agorafobia.
Un año después, a día de hoy, Juan ha vuelto a viajar en metro y a hacer la compra en grandes superficies sin notar ninguna sensación de ansiedad. Su agorafobia ha remitido.
Este caso ilustra cómo cualquiera de nosotros, podemos aprender en un determinado momento y dadas unas determinadas circunstancias a tener este tipo de problema psicológico. (Lógicamente no de manera intencionada). Lo positivo es que tenemos en nuestra mano la llave para solucionar cualquier problema psicológico, con la ayuda de un profesional, el cual nos ayudará a aprender los recursos necesarios para superarlo.
Psicóloga colegiada M-16821
· Fundadora del Centro de Psicología Psicomáster
· Certificado Europeo de Clínico experto en EMDR por la Asociación EMDR Europa
· Experta en Apego y Disociación, Trauma e Integración de los estados del yo
· Certificado de Especialista en Psicoterapia acreditado por la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos (EFPA)
· Máster en Psicología Clínica Cognitivo- Conductual- Social
· Tutora Profesional de Prácticas en el Máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad San Rafael - Nebrija
· Docente de práctica clínica, colaborando con varios Máster de la Asociación Española de Psicología Clínica Cognitivo Conductual
· Certificado Europsy de Especialista en Psicoterapia
· Medalla de Oro Foro Europa 2001
· Miembro de la Asociación EMDR-Europa
· Psicoterapeuta acreditada por la Asociación Española de Terapia Cognitivo-Conductual-Social (ASETECCS)
· Licenciada en Psicología por la UNE






