Actualizado por última vez el 19 junio, 2026
Redactado por Mª Jesús Andrés Pérez
La violencia de género en adolescentes puede ser difícil de detectar, especialmente cuando no aparece de forma evidente o cuando la propia adolescente no se siente preparada para contar lo que está viviendo. En muchas ocasiones, las primeras señales no son agresiones físicas, sino cambios en su comportamiento, aislamiento de la familia o amistades, miedo a molestar a la pareja, control, celos o descalificaciones que pueden llegar a justificarse como muestras de amor.
Para los padres, sospechar que una hija puede estar sufriendo violencia de género genera mucha preocupación, miedo, rabia e incluso culpa por no haberlo visto antes. Sin embargo, en estas situaciones es fundamental actuar con calma, escuchar sin juzgar y ofrecer un espacio seguro para que pueda hablar sin sentirse interrogada ni presionada.
En este artículo explicamos qué señales pueden alertar de una situación de violencia de género en la adolescencia, qué conductas no deben considerarse normales en una relación, cómo hablar con tu hija si sospechas que está siendo maltratada y cuándo es importante pedir ayuda profesional.
Qué es la violencia de género en adolescentes
La violencia de género en adolescentes es cualquier forma de maltrato, control o abuso que se produce dentro de una relación afectiva y que limita la libertad, la seguridad o el bienestar de la chica. Aunque muchas veces se asocia únicamente con agresiones físicas, también puede manifestarse a través de conductas psicológicas, verbales, sexuales o digitales.
En la adolescencia, algunas formas de violencia pueden confundirse con amor, preocupación o intensidad emocional. Por ejemplo, controlar con quién habla, revisar el móvil, exigir respuestas inmediatas, criticar su forma de vestir, aislarla de sus amistades o justificar los celos como una muestra de cariño son señales que no deben normalizarse.
Este tipo de violencia puede generar miedo, confusión y dependencia emocional. Por eso, es importante ayudar a las adolescentes a identificar qué conductas no forman parte de una relación sana y ofrecerles apoyo sin culpabilizarlas ni presionarlas.
Señales de alerta de violencia de género en adolescentes
En muchos casos de violencia de género en la adolescencia, la persona no cuenta lo que ocurre por miedo, vergüenza, confusión o porque todavía no identifica determinadas conductas como maltrato. Por eso, es importante que los padres y el entorno cercano presten atención a cambios significativos en su comportamiento.
Algunas señales que pueden alertar son:
- Aislamiento de la familia y amistades: puede empezar a pasar menos tiempo con sus amigos o familiares, cancelar planes o reducir sus espacios personales para estar más disponible para su pareja o evitar situaciones que puedan “molestarle”.
- Cambios repentinos de humor: tristeza, irritabilidad, ansiedad, llanto frecuente o reacciones más intensas de lo habitual pueden indicar que está viviendo una situación de tensión emocional.
- Cambios en su forma de comportarse: puede mostrarse más apagada, insegura, pendiente del móvil, con miedo a responder tarde o preocupada por la reacción de su pareja.
- Modificaciones en su forma de vestir o de mostrarse: en algunos casos, puede cambiar su ropa, su estilo o su forma de relacionarse por presión de la pareja. También puede intentar ocultar partes del cuerpo si existe violencia física.
- Miedo a molestar a la pareja: puede evitar hacer planes, hablar con determinadas personas o expresar lo que piensa por temor a que su pareja se enfade, la critique o la castigue emocionalmente.
- Justificación de celos, control o descalificaciones: frases como “lo hace porque me quiere”, “se pone celoso porque le importo” o “se enfada porque tiene miedo de perderme” pueden indicar que está normalizando conductas de control.
Estas señales no siempre significan por sí solas que exista violencia de género, pero si aparecen varias a la vez o se mantienen en el tiempo, conviene prestar atención, acercarse con calma y buscar orientación profesional si hay preocupación.
Conductas que no deben considerarse normales en una relación
En una relación sana debe existir respeto, confianza y libertad para mantener espacios propios. Por eso, es importante que las adolescentes puedan identificar que ciertas conductas no son muestras de amor, protección o interés, aunque la pareja intente justificarlas de esa manera. Algunas conductas que no deben normalizarse son:
- Controlar el móvil, las redes sociales o las conversaciones con otras personas.
- Exigir saber dónde está en todo momento o pedir explicaciones constantes sobre sus planes.
- Enfadarse si no responde rápido a mensajes o llamadas.
- Impedir o dificultar que quede con amistades o familiares.
- Criticar su forma de vestir, maquillarse o relacionarse.
- Descalificarla, ridiculizarla o hacerla sentir inferior.
- Justificar los celos como una prueba de amor.
- Hacer chantaje emocional, como amenazar con dejarla, hacerse daño o culparla de todo lo que ocurre.
- Presionarla para hacer cosas que no quiere, incluidas conductas sexuales.
- Amenazarla, intimidarla o hacerle sentir miedo.
Cómo hablar con tu hija si sospechas que está sufriendo violencia de género
Si sospechas que tu hija puede estar sufriendo violencia de género, lo más recomendable es buscar un momento tranquilo y hablar desde la preocupación, no desde el reproche. Puedes expresar que has notado algunos cambios, que te preocupa cómo se siente y que estás disponible para escucharla. Es importante evitar preguntas que suenen a interrogatorio o que puedan hacerla sentir culpable.
También conviene explicarle, con calma, que ciertas conductas no forman parte de una relación sana: los celos, el control, las descalificaciones, la presión, las amenazas o el aislamiento no son muestras de amor. Nombrar estas conductas puede ayudarla a identificar situaciones que quizá ha normalizado o justificado.
Escuchar sin juzgar es fundamental. Muchas adolescentes se sienten confundidas, tienen miedo o necesitan tiempo para reconocer lo que están viviendo. Respetar sus tiempos no significa quitar importancia al problema, sino acompañarla sin presionarla, dejando claro que no está sola y que vais a buscar ayuda si la situación lo requiere.

Qué pueden hacer los padres ante una situación de violencia de género
Cuando existe sospecha o confirmación de violencia de género, es importante actuar con cuidado. La prioridad debe ser proteger a la adolescente, acompañarla emocionalmente y buscar ayuda adecuada, evitando decisiones impulsivas que puedan aumentar el riesgo o hacer que ella se sienta más presionada.
Algunas pautas que pueden ayudar son:
- Mantener una actitud cercana y disponible: hacerle saber que puede hablar cuando lo necesite y que no va a ser juzgada ni culpabilizada por lo que está ocurriendo.
- Evitar presionarla para que tome decisiones inmediatas: aunque para los padres pueda ser evidente que la relación es dañina, la adolescente puede estar confundida, tener miedo o sentirse emocionalmente atrapada.
- Hablar con su grupo de amistades con prudencia: en algunos casos, sus amigos pueden conocer parte de lo que está pasando. Es importante hacerlo sin exponerla, sin generar rumores y siempre priorizando su seguridad.
- No enfrentarse impulsivamente al agresor: aunque pueda aparecer rabia, una confrontación directa puede aumentar el riesgo o provocar que la adolescente se aleje más de la familia.
- Buscar orientación profesional: contar con apoyo externo puede ayudar a valorar la situación, acompañar a la adolescente y orientar a la familia sobre cómo actuar.
- Transmitir un mensaje claro: lo que está viviendo no es una relación sana, no tiene la culpa y no tiene que afrontarlo sola.
Actuar no significa obligarla ni decidir por ella en todo momento, sino acompañarla, protegerla y ayudarla a recuperar seguridad. En situaciones de riesgo, amenazas o violencia física, es fundamental pedir ayuda especializada y activar los recursos de emergencia necesarios.
Cuándo pedir ayuda profesional
Es importante pedir ayuda profesional cuando existen señales de control, aislamiento, miedo o malestar emocional persistente en la adolescente. También conviene buscar orientación si hay cambios importantes en su comportamiento, si evita hablar de su relación, si muestra ansiedad o tristeza frecuentes, o si la familia no sabe cómo actuar sin aumentar la tensión.
La ayuda profesional puede ser especialmente necesaria cuando la adolescente se siente confundida, tiene miedo a contar lo que ocurre, justifica conductas dañinas o no se siente preparada para tomar decisiones. En estos casos, contar con un espacio externo, seguro y sin juicio puede facilitar que pueda expresar lo que está viviendo y comprender la gravedad de la situación.
También es recomendable que la familia reciba apoyo. Los padres pueden sentirse culpables, enfadados o desbordados, y necesitan orientación para acompañar a su hija sin presionarla ni actuar de forma impulsiva.
En Psicomaster ofrecemos apoyo psicológico a adolescentes y familias para acompañar este proceso con cuidado, seguridad y respeto. Nuestro objetivo es ayudar a comprender qué está ocurriendo, ofrecer herramientas para afrontar la situación y favorecer que la adolescente pueda sentirse protegida y acompañada.
Recursos de ayuda en España
Si existe una situación de violencia de género o sospechas que una adolescente puede estar en riesgo, es importante no afrontarlo en soledad. En España existen recursos especializados que pueden orientar tanto a la persona afectada como a su entorno.
- 016: servicio de información, asesoramiento jurídico y atención psicosocial inmediata por personal especializado. Atiende todas las formas de violencia contra las mujeres. También está disponible por WhatsApp en el 600 000 016, por chat online y por correo electrónico en 016-online@igualdad.gob.es.
- 112: en caso de emergencia, peligro inmediato, amenazas o agresiones, es fundamental contactar con los servicios de emergencia.
- 091 y 062: también pueden utilizarse en situaciones de emergencia para contactar con Policía Nacional o Guardia Civil.
Pedir ayuda no obliga a tomar decisiones precipitadas, pero sí permite recibir orientación, valorar el riesgo y conocer los pasos más seguros en cada situación.
Psicóloga colegiada M-16821
· Fundadora del Centro de Psicología Psicomáster
· Certificado Europeo de Clínico experto en EMDR por la Asociación EMDR Europa
· Experta en Apego y Disociación, Trauma e Integración de los estados del yo
· Certificado de Especialista en Psicoterapia acreditado por la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos (EFPA)
· Máster en Psicología Clínica Cognitivo- Conductual- Social
· Tutora Profesional de Prácticas en el Máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad San Rafael - Nebrija
· Docente de práctica clínica, colaborando con varios Máster de la Asociación Española de Psicología Clínica Cognitivo Conductual
· Certificado Europsy de Especialista en Psicoterapia
· Medalla de Oro Foro Europa 2001
· Miembro de la Asociación EMDR-Europa
· Psicoterapeuta acreditada por la Asociación Española de Terapia Cognitivo-Conductual-Social (ASETECCS)
· Licenciada en Psicología por la UNE






